QUIERO SER COMO TÚ


"Los otros saben exactamente cómo debemos vivir nuestra vida, pero nunca tienen noción de cómo deben vivir sus propias vidas"
(El Alquimista)




Paseando por diversos foros de temas muy variados me ha llamado la atención la cantidad de personas que no se aceptan como son. Sienten angustia, dolor, insomnio, falta de concentración, tristeza, apatía, y un largo etcétera de síntomas que no son más que angustia vital al no reconocerse en el mundo que viven, o más bien el mundo que les vive a ellos. 

Creo que uno de los males de esta edad que vivimos es el autoreproche, el castigo que uno mismo se infringe por no ser como los demás, por no estar a la altura de los demás y sus expectativas...
Parece como si constantemente nos tuvieramos que someter al exámen público de la mayoría y solamente aprueban aquellos que fingen ser iguales entre sí, aunque eso suponga olvidar la propia esencia de uno mismo. ¿Hemos olvidado lo que es la diversidad? Si, y también el respeto y que formamos parte de un todo, un engranaje perfecto pero de piezas diferentes. 
Existen personas abiertas, dicharacheras, populares y otras reatraidas, pensativas y observadoras. Con unas te vas de fiesta, con otras charlas durante horas y a otras las escuchas y te hacen sentir bien, ¿que problema hay? 

Tenemos que mostrar una personalidad que no somos para ser aceptados, para que no nos llamen "los raros", "los que no quieren estar con nadie". ¿A nadie se le ha ocurrido pensar que el raro simplemente no se siente cómodo con cierto tipo de personas y prefiere su mundo, que suele ser además muy complejo y enriquecedor? Sería mucho más respetuoso e incluso egoista por el beneficio que nos supondría el conocimiento ajeno, intentar llegar  a todos tal como son y no como "se supone" que deben de ser.

El mayor problema que yo encuentro es que esas personalidades rechazadas suelen ser sensibilidad pura y con el tiempo acaban siguiendo a la mayoría para no sentirse tan solos. Luego llegan a casa y entonces es cuando se manifiesta la verdadera soledad, la del vacío que supone fingir ser quien no eres. Con el tiempo estas personas acaban por rechazar su propio yo pero como sigue la lucha interna ya que no se puede ir en contra de la naturaleza con la que hemos nacido, aparecen todo tipo de síntomas que no son más que avisos, es nuestro yo interno gritando auxilio porque lo estamos ahogando.

Así no se puede vivir, así no se puede ser feliz.

Lo más sensato y respetuoso con la vida es aceptarnos tal como somos y sacar el mayor partido de ello, buscar gente afín y pasar de todo aquél que se atreva a juzgar nuestra condición. Pero cuando ya nos hemos hecho mucho daño y no somos capaces de reconocernos resulta una tarea difícil, son años de engaño y nos hemos convertido en actores de nuestra propia vida.

Hay que volver en el tiempo, llegar hasta el niño que un día fuimos y reconciliarnos con él. ¿Cómo hacerlo? No existe una pastilla para esto. No, una pastilla no, pero sí con las Flores de Bach porque  no existe otra cosa que haga esto en ninguna medicina ni convencional ni alternativa:

"Son un proceso reeducativo que ayuda al ser humano a reencontrarse con la FUENTE y con los principios de nuestro verdadero patrón espiritual y a estar en armonía con la Naturaleza toda. Así, la salud proviene de los niveles más profundos del Yo y del alma que luego son reflejados en el cuerpo físico"


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