El crecimiento del Terapeuta Floral

 

  

Los caminos que nos llevan...

 

La importancia de sanar y sanarse...







No es casualidad que los que nos dedicamos a este trabajo (la Terapia Floral, las esencias Florales de Bach) tengamos cierto bagaje personal que nos ha capacitado especialmente para comprender, que ha fomentado y formateado a lo largo de los años cierta capacidad empática, más o menos agudizada.

Una de las cosas más importantes que dejó dichas y escritas Edward Bach, creador del Sistema Floral Bach, es que el propio terapeuta debía dedicar parte de sus esfuerzos a su propio crecimiento interior, a la auto-superación emocional.

Absolutamente todos los seres humanos tenemos cosas que aprender, caminos que recorrer, de no ser así no habríamos encarnado, no tendría sentido pisar el mundo en forma física si no es con objeto de asimilar cosas pendientes, aprendizajes vitales y necesarios. Aunque siendo más precisos no se trata tanto de aprender como de recordar quienes somos, de volver al origen de nuestra Esencia. Pero podríamos decir que existe un proceso de auto-reconocimiento que nos lleva por senderos en los que soltamos lo que no sirve y dejamos espacio para aquello que concuerda más con nuestra naturaleza particular, y visto dede esta perspectiva sí podemos hablar de “aprender a desaprender para conocer”.

Y resulta especialmente enriquecedor sentir la relación tan directa que existe entre los acontecimientos de tu propia vida y los senderos que vas pisando. Absolutamente todo lo vivido con anterioridad es imprescindible para el presente, y desde este presente marcas las pautas de lo venidero. Es por esto que cada vida que se cruza en la tuya sirve de trampolín inequívoco para lo siguiente. Y en tanto curas te curas, en tanto sirves te sirves.


El terapeuta tiene la tarea de sanar sus propias heridas. Antes de servir de canal para la auto-curación a través de las Esencias Florales has debido ser paciente, has tenido que comprobar en ti mism@ qué tal es el proceso de eliminar barreras interiores, descargar peso de tu mochila de dolores. Y como seres en evolución que somos todos,  este trabajo es un proceso de vida en sí mismo, siempre cambiante, siempre evolutivo.

Por eso...cuando alguien me conoce un poco más y dice: "Ahhh pero tú también tienes lo tuyo a superar",  sonrío y digo: "pues claro que sí y en ello estoy". A fin de cuentas, como dijo Terencio:
 

"Homo sum; humani nihil a me alienum puto" 

 "Hombre soy; nada humano me es ajeno"


Decir lo contrario, afirmar que se tienen todas las respuestas, que ya nada queda , no solamente es incierto sino también un atrevimiento ególatra vacío de sentido pues no ayuda a nadie y nos engaña a todos.

Eso sí...de todo lo aprendido siempre queda. Que soy más sabia que ayer??? por supuesto que sí. Que me queda mucho por delante??? también y bravo por ello.

Pero sobre todo...

Las experiencias pasadas es cierto que te posicionan en un lugar privilegiado para buscar dentro de ti misma el sentimiento asociado, aquél que has llegado a comprender en base a tu propia vivencia.

En otras palabras...

Existe una clara y directa relación entre los acontecimientos que te ha preparado de forma especial para este punto de tu vida. Una relación íntima causa-efecto que te convierten en ese terapeuta que es capaz de sentir el dolor de otra persona, por lo tanto puedes servir ciertamente de canal para la curación del otro.

Y se dan momentos en  los que tienes que parar, tomar aliento y recolocar para poder seguir. En los que las emociones también te superan y te piden a gritos un "cuidarte con esmero". Y tomas tu tiempo, tomas tus medidas, tomas tu esencias, tomas el control de nuevo.

Y otros en los que la emoción ajena te toca de lleno, no es necesario buscar tu historia dentro porque brota con fiereza y rotundidad. Son los momentos en los que te identificas y sientes lo que el otro siente, instantes supremos repletos de la belleza del dolor pasado. Si, "de la belleza", porque es el sentimiento que queda tras la superación y aprendizaje, la sabiduría que toma el mando y transforma ruinas caídas en algo nuevo. 

Sea como fuere, independientemente del problema que nos llega, todos, por el simple hecho de ser humanos, sabemos de emociones, todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida, aunque sea por un breve instante:

Rabia, ira, amargura, soledad, tristeza, odio, envidia, celos, miedo, insatisfacción, tortura, resentimiento, desesperanza, angustia,  falta de amor propio…

Y personalmente quiero quedar al margen de de todo aquél que diga que no, ya que se trata de la propia dualidad del ser humano y no es negociable, existe y punto. Se convierte en algo patológico cuando existe desequilibrio debido a que la emoción, cualquiera de ellas, dura demasiado tiempo, pero todos, dejando a un lado las emociones positivas, también somos todas esas consideradas “tan feas”, por lo tanto somos capaces de ponernos en situación tal que nos permita comprender el mapa emocional  de otra persona.

No seamos maestros si no es de la propia vida, no hablemos de lo que no sabemos y todo irá bien. Dejemos espacio y tiempo para que lleguen nuevos aprendizajes y en el camino intentemos ser honestos con nosotros mismos y con los demás, no dejemos que la frase "esto no lo sé" se convierta en tabú. No permitamos que nos sientan como algo distinto a un ser humano en crecimiento y búsqueda de su hogar,  y como decía E. Bach:

"Sanemos nuestras heridas al tiempo que servimos de canal para que otros se puedan sanar".

 

 









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